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renacer

El renacer del fénix Hace mucho tiempo en un país muy lejano se produjo una invasión. Los nobles aldeanos se vieron del día a la mañana rodeados de terribles criaturas de fuego. Estas eran una especie de demonios gigantescos, con cuernas de cabra, con cuerpos que parecían los gigantescos cuerpos de hombres ardiendo; con sus alas de cenizas y con brazos y manos, y en sus manos portaban látigos de fuego, como casi todo su cuerpo, cuerpo de fuego. Y con su fuego llegaron hasta donde estaban los aldeanos, en una población al lado de una hermosa montaña de una extraña forma, como si fuese la forma de un pájaro con sus alas abiertas y su pico sobresaliendo por la mitad de la montaña. La leyenda contaba que hace muchos siglos, cuando se produjo otra terrible invasión de los demonios de fuego, alguien vino desde muy lejos para ayudar a los aldeanos. Era un pájaro, un pájaro de la luz. El ave era un ser gigantesco, hablaba como pueda hablar cualquier persona, tenía una gran fuerza, pero sólo la usaba para proteger al justo y para asegurar la libertad de todos los ciudadanos del reino. El pájaro de la luz fue como la visión celestial del paraíso para los asustados aldeanos, pues cuando ya se acercaban las criaturas de fuego, los aldeanos empezaron a ver al pájaro de la luz a lo lejos, con sus enormes alas de aire, con su plumaje de flores, con su pico de diamante, y con sus poderosos ojos que eran dos preciosas gemas que refulgían. El pájaro de la luz era una leyenda. Los aldeanos contaban esta leyenda muy de vez en cuando, pero ahora los demonios de fuego otra vez se acercaban, convirtiéndolo todo en cenizas a su paso. Nada parecía que podría parar al pájaro de la luz. -Hija mía, pronto todo será cenizas, pronto todo será lo que nunca dejó de ser -Mami, pero a lo mejor viene el pájaro de la luz, y a lo mejor él nos puede volver a proteger de esta nueva pesadilla… -Hija mía, me temo que eso sólo sea una leyenda, nadie nunca vio al pájaro de la luz… bueno, está la Montaña del Ave, todos dicen que ella es los restos del pájaro de la luz, que quedó convertido en cenizas bajo el fuego de los látigos de los innor; y que con el tiempo esas cenizas se cristalizaron y crearon la Montaña del Ave. Pero sólo son leyendas. -A veces mami las leyendas son reales, pero esos demonios se acercan… Y sé que aunque la Montaña del Ave fuese en realidad los restos del pájaro de la luz, entonces es que este ya está muerto y ya no nos podrá venir a ayudar a combatir a los demonios de fuego. -Hija mía, es cierto, quizás haya en el mundo más pájaros de la luz, pero si la Montaña del Ave fue en algún momento un pájaro gigantesco que ayudaba a los hombres a combatir a los demonios de fuego… es evidente que ahora sólo es… Y dicho esto, la niña y la madre miraron hacia la Montaña del Ave, la que se supone que había sido las cenizas fosilizadas y cristalizadas del pájaro de la luz. Y ambas mujercitas pudieron ver algo extraño en la montaña: parecía que una costra se había desprendido de la misma, como si una avalancha de roca y trozos de montaña se hubiese desmoronado. -¡Oh no!… Ahora parece que cae la montaña… ¡nos aplastará…! -No, mira mami… mira lo que hay debajo de esa roca de ceniza cristalizada… ¡Mira, se ven cosas… -Hija mía, no puede ser, aunque la leyenda del pájaro de la luz fuese cierta… no puede ser, ese pájaro debió de morir hace miles de años… -No ha muerto mami, ha estado luchando, ha estado luchando contra la decadencia, contra su propia destrucción, contra la degeneración de sus tejidos… ¡y mira… ahora vuelve a tener plumas, y se le ve ya el pico tras esa roca que se ha desprendido..! Mira mamí, el pájaro de la luz renace de sus cenizas. Nunca estuvo muerto, sólo estuvo rehaciéndose… y ahora que vienen los demonios de fuego, ellos verán el poder del renacimiento; y ahora que vienen las llamas de la noche, ellos verán al pájaro de la luz. Tan abajo puedo caer como tan arriba puedo subir. El dolor mañana pasará, y sólo queda el placer de la redención. Trabajemos todos por eso que queremos, sin prisa pero sin pausa, y algún día, veremos que tas las ruinas de nuestra aparente decadencia, se esconde la nueva carne que ahora nos hará gozar los suplicios que nos cobraron ayer. Nunca el infierno y el paraíso estuvieron tan cerca.

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